lunes, 6 de diciembre de 2010

Unidad #1 HISTORIA DEL CONTROL DE PLAGAS


MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS
MIP
Documento #1.
Unidad #1 HISTORIA DEL CONTROL DE PLAGAS

Ing. Harvings Antonio Morales Escorcia.
HISTORIA DEL CONTROL DE PLAGAS

Esta corriente se inició en Inglaterra, en la década de 1930, por los agrónomos Lady Eve Balfour y Sir Albert Howard ; Howard, determinó después de su llegada a la India, que las limitaciones locales no permiten adoptar el sistema productivo basado en las experiencias occidentales, por lo que concluyó que era esencial observar los procesos productivos de la naturaleza y aprender de ella las lecciones necesarias para favorecer la producción de alimentos.

Su libro Un Testamento Agrícola (1940) recopila sus observaciones estableciendo conceptos fundamentales para la agricultura orgánica, tales como la protección del suelo, el uso de coberturas permanentes, la producción de compost utilizando el sistema “Indore” (métodos pioneros de compostaje controlado), la idea de manejar mejor salud de la planta en suelos saludables, la importancia de la investigación en fincas, y el uso racional de recursos locales entre otras.

En 1943, Lady Eve Balfour publicó su libro The Living Soil donde promueve la idea de que la salud del suelo y la salud del hombre son inseparables. Su trabajo llevó a formar la Soil Association para el año de 1946 en Gran Bretaña, como un ente de investigación e información sobre prácticas orgánicas de manejo de fincas y suelos. Desde entonces esta asociación se ha convertido en líder mundial en el establecimiento de normas y capacitación en agricultura orgánica Los sistemas de producción orgánica, llamada “biológica”por los franceses e italianos y "ecológica" por los alemanes, se iniciaron como movimiento alternativo con mayor fuerza en los años 60 en Europa y Estados Unidos. Tanto las ideas de Howard como las de Balfour fueron promulgadas en Estados Unidos por Jerome Irving Rodale, quien en 1942 publica su revista Organic Farming and Gardening, con un éxito rotundo llegando a vender más de dos millones de copias en 1980.

Gracias a la popularidad de esta revista, se funda el Instituto Rodale15 que hoy es reconocido internacionalmente por su investigación y capacitación en agricultura orgánica. Esta denominación de Agricultura Orgánica ha sido la mas difundida a nivel mundial y por ella se ha llegado a conformar los Principios Básicos de la misma, estableciendo en 1.972, la Federación Mundial de Movimientos Orgánicos (IFOAM por sus siglas en inglés, International Federation of Organic Agricultural Movements).

La agricultura ecológica, o sus sinónimos orgánica o biológica, es un sistema para cultivar una explotación agrícola autónoma basada en la utilización óptima de los recursos naturales, sin emplear productos químicos de síntesis, u organismos genéticamente modificados (OGMs) -ni para abono ni para combatir las plagas-, logrando de esta forma obtener alimentos orgánicos a la vez que se conserva la fertilidad de la tierra y se respeta el medio ambiente. Todo ello de manera sostenible y equilibrada.

Los principales objetivos de la agricultura organica son la obtención de alimentos saludables, de mayor calidad nutritiva, sin la presencia de sustancias de síntesis química y obtenidos mediante procedimientos sustentables. Este tipo de agricultura es un sistema global de gestión de la producción, que incrementa y realza la salud de los agrosistemas, inclusive la diversidad biológica, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo. Esto se consigue aplicando, siempre que sea posible, métodos agronómicos, biológicos y mecánicos, en contraposición a la utilización de materiales sintéticos para desempeñar cualquier función específica del sistema. Esta forma de producción, además de contemplar el aspecto ecológico, incluye en su filosofía el mejoramiento de las condiciones de vida de sus practicantes, de tal forma que su objetivo se apega a lograr la sustentabilidad integral del sistema de producción agrícola o sea, constituirse como un agrosistema social, ecológico y económicamente sustentable.

CONTROL DE PLAGAS EN LA ANTIGUEDAD.

Pérdidas por pestes en los mayores cultivos mundiales
Pérdidas (%)
Cultivo Insectos Enfermedades Malezas Total
Arroz 26.7 8.9 10.8 46.4
Trigo 5.0 9.1 9.8 23.9
Maíz 12.4 9.4 13.0 34.8
Sorgo/mijo 9.6 10.6 17.8 38.0
Papa 6.5 21.8 4.0 32.3
Yuca 7.7 16.6 9.2 33.5
Patata dulce 8.9 5.0 11.7 25.5
Tomates 7.5 11.6 5.4 24.5
Soya 4.5 11.1 13.5 29.1
Maní 17.1 11.5 11.8 40.4
Aceite de palma 11.6 7.4 9.6 28.6
Copra 14.7 19.3 10.0 44.0
Semillas de algodón 11.0 9.l 4.5 24.6
Plátanos 5.2 23.0 3.0 31.3
Cítricos 8.3 9.5 3.8 21.6

Fuentes: S.H. Wittwer, «An assessment of future technological advances in agriculture and their impact on the regulatory environment», en Critical food issues of the eighties, de M. Chou y D.P. Harmon, Pergamon Press, Nueva York, Oxford, 1979.

El uso de substancias químicas como forma de controlar plagas y enfermedades data de la antigüedad; en el 2500 a.C., los sumerios usaban compuestos de azufre para controlar plagas de insectos, los chinos usaban el mercurio, y tanto Aristóteles en la antigua Grecia como Catón en Roma describen formas de fumigación y ungüentos a base de azufre. Sin embargo, el uso amplio de pesticidas se inició sólo en el siglo XVIII con base en extractos de piretrum y sulfato de cobre, compuestos de cobre y arsénico, o compuestos de arsénico y plomo. A comienzos de este siglo el azufre, el cobre y determinados venenos como la nicotina y el arsénico eran de uso habitual en los cultivos de alto valor comercial: frutas, flores, plantas de invernaderos, etc. El gran salto en el uso de compuestos químicos ocurrió con la segunda guerra mundial, tanto es así que en la inmediata postguerra se usaban en forma masiva compuestos organoclorados como DDT, lindano y dieldin entre los insecticidas y herbicidas como el 2, 4-D y el 2,4,5,-T; estos compuestos fueron luego sustituidos por los organofosfatos, los carbonatos y una gama cada vez más amplia de herbicidas y fungicidas sintéticos.
Pérdidas mundiales por enfermedades estimadas en 1987
Producción Pérdidas
Cultivo Millones tons. % Millones tons. Miles de millones (dls.)
Trigo 517 9.1 64.7 8.6
Arroz 454 8.9 77.1 12.5
Maíz 457 9.4 68.2 6.7
Otros cereales 359 8.6 43.8 5.0
Papas 285 21.8 93.4 7.2
Caña/remolacha 1 217 16.5 406.7 8.1
Legumbres 421 10.1 64.8 14.2
Fruta/uva/cítricos 326 16.4 74.8 15.2
Café/té 11 14.9 2.9 3.7
Oleaginosas 134 10.2 19.0 4.5
Fibras/ind. 27 11.8 4.7 4.5
Valor total de las pérdidas en dólares (miles de millones): 90.2

Fuentes: W.C. James, P.S. Teng y F.W. Nutter, «Estimated losses of crops from plant patogens», CRC Handbook of Post Management, de D. Pimentel, D. CRC Press, Boca Ratón, Fl., 1991.

En la agricultura moderna, desempeñan un papel importante los pesticidas de diferentes tipos: fungicidas, insecticidas y herbicidas, entre otros, cuyo consumo se ha multiplicado por un factor de 32 entre 1950 y 1986, con un aumento muy grande en los países en desarrollo que actualmente son responsables por 25% de ese consumo, con un total de 530 000 toneladas en términos de ingredientes activos, volumen inferior en 90 000 toneladas al de 1980; la caída fue causada en gran parte por la crisis de la deuda externa, que limitó seriamente las posibilidades de importación y, en parte, por la reducción de los subsidios gubernamentales al uso de agroquímicos.

Persistencia de insecticidas organoclorados en el suelo
(Compilado por Metcalf, 1976)
Insecticida 50% pérdida de toxicidad
núm. de años 95% pérdida de toxicidad
núm. de años
DDT 3-10 4-30
Aldrin 1-4 1-6
Chlordane 2-4 3-5
Dieldrin 1-7 5-25
Endrin 4-8 ND*
Heptachlor 7-12 3-5
Lindane 2* 3-10
Toxaphene 10 ND*
Fuentes: IUCN.
Nota: *N.D. No determinado.
Hoy más de 520 insectos, 150 especies de enfermedades de plantas y cerca de 110 malezas son resistentes a plaguicidas, fungicidas o herbicidas. Antes de 1970, no se habían detectado resistencias en las malezas, las resistencias en insectos y enfermedades de plantas si bien se detectaron hace ya varias décadas, los aumentos se manifiestaron en forma alarmante a partir de la década de los cincuenta en el caso de plagas, y de los setenta para las enfermedades de plantas.
Las técnicas de aplicación acrecientan los problemas de costos, ineficiencia y ambientales del uso de plaguicidas. El caso se ilustra con la fumigación aérea. En los estudios realizados en California, se determinó que más de 40% del plaguicida aplicado caía fuera del área objetivo, 15% fuera del cultivo objetivo, 41% fuera del insecto objetivo y para aquel 4% remanente que cae en las proximidades del insecto objetivo 75% no entra en contacto con él. Menos de 1% del plaguicida total aplicado es absorbido por el insecto a través de su sistema respiratorio, o digestivo, además se ha señalado que solamente 0.03% de los insecticidas aplicados son absorbidos por los insectos que atacan los cultivos de frijoles y 0.02% por los insectos que devastan los cultivos de cacao.

Actualmente, más de 700 plaguicidas se comercializan. En 1988, el valor de sus ventas mundiales fue de aproximadamente 20 500 millones dólares. El mayor consumidor es Estados Unidos seguido de la Unión Europea. Japón es el país que tiene la mayor intensidad de consumo de pesticidas por unidad de tierra cultivada. En general, los países en desarrollo representan alrededor de un cuarto del consumo mundial de pesticidas. Sin embargo, es preciso hacer distinciones por tipo de pesticidas y por cultivo. Así, los herbicidas dominan el mercado europeo y norteamericano, pero en el resto del mundo son los insecticidas el rubro más importante, por ejemplo son 76% del mercado de plaguicidas en Asia Oriental. Ciertamente hay excepciones; por ejemplo, Malasia es la excepción en los países en desarrollo por el elevado consumo de herbicidas que representa, entre 70% y 85% de su consumo total de plaguicidas.
Pérdidas estimadas causadas por insectos en
cultivos tropicales
Kimbombo (okra) 40%
Algodón 38%
Yuca (mandioca-casabé) (mealybug) 38%
Yuca (mandioca-casabé) (green mite) 30%
Patata dulce 27%
Sorgo 26%
Garbanzo 25%
Maíz 25%
Arroz 20%
Caña de azúcar 15%
Coco 12%
Trigo 10%
Café 8%

Fuentes: P.T. Walker, «Losses in yield due to pests in tropical crops and the value in policy decision making», Insect. Sci. Applic, 8, pp. 665-71, 1987.
Consumo mundial de plaguicidas según cultivo
Maíz 11%
Algodón 11%
Arroz 12%
Soya 9%
Trigo 10%
Frutas, hortalizas y viñas 26%
Remolacha azucarera 4%
Otros 17%
Fuentes: British Agrochemicals Association (BAA), Annual report and handbook 1988/89, BAA, Peterborough, 1989.
Los principios de selectividad ecológica y de control biológico, la selección de variedades genéticas resistentes y el estudio de la dinámica de las pestes, deben formar parte de la práctica agrícola. Este control integrado se traduce también en una reducción importante en el consumo de pesticidas. La FAO ha señalado que este tipo de gestión integrada en ciertas áreas algodoneras de Nicaragua y Estados Unidos han permitido reducir la cantidad de pesticidas en 50%, es decir, las ventajas son tanto de orden ambiental como económico.
El control integrado de plagas considera plantas y pestes como partes integrantes del ecosistema y busca el uso y la combinación de factores naturales que limitan la emergencia de pestes junto con prácticas agrícolas, recurriendo lo menos posible, y en forma selectiva o en casos extremos, al uso de agroquímicos. Un sistema integrado de control de plagas incluye: la rotación de cultivos, el inter-cropping, los controles biológicos, así como la introducción de enemigos naturales de la plaga, el uso de biopesticidas, el estudio de las poblaciones y sistemas precautorios integrados a programas de salud. Egipto ha desarrollado una gran campaña para introducir el control integrado de plagas, y ha sido difundido como ejemplo exitoso, tanto ecológico como económico, dicho sistema para combatir plagas y enfermedades en los cultivos de arroz de Indonesia.
La mayor dificultad que ha encontrado el desarrollo del control integrado de plagas es que, por ser un sistema intensivo en uso de conocimientos, requiere de programas de capacitación rural especiales que lleguen a amplios sectores de la población del campo. El programa de FAO para el control integrado de plagas en los cultivos de arroz en Asia, que suele señalarse como muy exitoso, revela al mismo tiempo la magnitud de la tarea emprendida: hasta mediados de la década de los noventa el programa ha capacitado a 600 000 campesinos arroceros en Asia, los que han reducido en más de 70% el consumo de plaguicidas, aumentando al mismo tiempo la producción y reduciendo los costos medios. FAO espera capacitar más de un millón de campesinos para fines de siglo; sin embargo, el número de campesinos involucrados en el cultivo del arroz en Asia se calcula en cerca de 90 millones.

En América Latina el consumo de plaguicidas se incrementó mucho, a una tasa de 8.4% anual, durante los setenta, y a mediados de los ochenta representaba cerca de 36% del consumo de plaguicidas del mundo en desarrollo, mientras que África representaba 16% y Asia 34%. Al igual que en el caso de los fertilizantes, el consumo de plaguicidas en América Latina, y en general el mundo en desarrollo, tiende a concentrarse en los cultivos de exportación: el uso de plaguicidas en los cultivos alimentarios de África es insignificante, en Indonesia los cultivos de exportación (coco, café, caña de azúcar y caucho) consumían veinte veces la cantidad de plaguicidas usados por los productores de alimentos para los mercados locales, a pesar de que estos últimos cubrían una superficie cultivada siete veces superior a la de las plantaciones. El uso de herbicidas en Malasia, señalado anteriormente, se explica por el hecho de que se utilizan en las dos principales plantaciones de exportación: caucho y palma de aceite, que cubren casi 70% de la superficie arable del país.

En América Latina el gran consumidor es el algodón, que consume cuatro veces más que las frutas, el café, las papas y la caña de azúcar. En la década de los setenta, el algodón concentraba 39.6% de los consumos de plaguicidas en la región y los cultivos de algodón de El Salvador llegaron a representar 20% de todo el parathion consumido en el mundo. El 49% de los plaguicidas usados en la región corresponde a insecticidas, 27% a herbicidas y 24% a fungicidas. Los primeros dos se expandieron a tasas más altas: 9.1% y 13.9%, respectivamente. La expansión del uso de herbicidas en América Latina está correlacionada con la mayor superficie cultivada con soya, que aumentó en la década de los setenta a una tasa anual de 25.9% y fue responsable por 62% de los incrementos de tierra cultivada en la región en esa década.
El uso de plaguicidas en América Latina, y en particular en las plantaciones de Centroamérica, está relativamente documentado. En Costa Rica se usan actualmente no menos de 700 formulaciones de plaguicidas que contienen cerca de 200 diferentes ingredientes activos registrados. De los plaguicidas importados en 1989 por Costa Rica 35% correspondían a herbicidas, 33% a insecticidas y 28% a fungicidas, el 4% restante corresponde a otros pesticidas y reguladores. Nueve ingredientes representan más de 50% de los plaguicidas aplicados en Costa Rica: paraquat, aldicarb, propanil, cobre, glyfosato, mancozeb, metil bromuro. Los DDT fueron prohibidos en 1988 y el endrin en 1991; sin embargo, en las plantaciones de café se utilizan dos fungicidas prohibidos en la mayor parte de los países: arsenato de plomo y captafol. Los estudios de suelos realizado en Costa Rica señalan fuertes contaminaciones con cobre y paraquat. Los compuestos de cobre se usaron durante muchos años por United Fruit Co. (actualmente United Brands) para combatir la sigatoka en los platanares, las dosis aplicadas entre 1930 y 1950 fueron las más altas del mundo: el promedio era una aplicación de 5 kilogramos de cobre por hectárea, que se repetía entre 20 y 30 veces al año, de manera que los suelos recibían anualmente nada menos que de 100 a 150 kilogramos por hectárea. En los sesenta se empezó a notar clorosis en los cultivos de arroz de la región, causada por las elevadas acumulaciones de cobre. Los problemas derivados de la aplicación de cobre se conocen desde el siglo pasado, cuando se aplicaba a las viñas en Francia. El cobre tiene casi nula movilidad, de manera que queda en la capa de suelos entre los 5 y los 10 centímetros. El cobre se sigue usando en Costa Rica en los cultivos de café. Por lo que respecta al paraquat, un producto altamente persistente, se aplica en las plantaciones de café. La contaminación con plaguicidas en Costa Rica ha llegado a afectar la pesca; estudios realizados en el lago Arenal revelan elevadas concentraciones de lindano, dieldrin, aldrin y heptaclor en tilapia y carpa.

LA REVOLUCION DE LOS INSECTICIDAS ORGANOSONTECTICOS.

Organo sinteticos: Dícese de las sustancias químicas capaces de destruir ciertos organismos vivos, como los pesticidas y herbicidas.
Insecticida.. Sustancias químicas que ejercen una acción letal sobre los insectos, utilizándose, por ello en el control de especies nocivas para las plantas cultivadas y, directa o indirectamente, para el ser humano y los animales.

Clasificación.

Los insecticidas pueden ser clasificados de muy diversas maneras, como, por ejemplo, por su base química, por su acción toxicológica o por su modo de penetración en el insecto. Clasificar los insecticidas por el mecanismo fisiológico de su actuación es sólo exacto cuando se estudia un solo insecto o grupos afines de los mismos, de tal manera que no podrá realizarse una clasificación por su actuación fisiológica, ya que dicho mecanismo es sumamente variable frente a la gran diversidad de insectos y fases de su desarrollo que casi nunca es único, sino múltiple. Además, su valor cuantitativo experimenta grandes diferencias frente a los diversos insectos. La clasificación que aquí se va a realizar tendrá en cuenta si los efectos se han evidenciado tras una ingestión, un contacto o una inhalación. La mayoría de los insecticidas orgánicos penetran de cualquiera de las formas antes enunciadas, aunque son los que mejor se distinguen por su base química.

Insecticidas por ingestión.

Este tipo de insecticida sólo actúa si es ingerido por la boca del insecto que se alimenta de los tejidos de las plantas sobre las que se ha dispersado el insecticida en forma fina y adherente, o bien aquellas a las que se les ha hecho absorber el compuesto tóxico. Están indicados para insectos provistos de mandíbula adaptadas a la masticación. Los derivados del arsénico, del azufre, del cianuro, del mercurio y del fósforo son representantes de este tipo de insecticidas. Están siendo paulatinamente sustituidos por los insecticidas orgánicos, los cuales son menos perjudiciales para el hombre y otros animales.

Insecticidas por contacto.

Se llaman así aquellos que ejercen su acción insecticida mediante el contacto directo con el insecto a eliminar. Generalmente, este tipo de insecticida es esparcido por la superficie de las hojas en las que los insectos se posan para chupar los jugos de la planta. La acción tóxica que lleva a la eliminación del insecto puede ser muy diversa; una emulsión oleosa, con un coadyuvante alterador de la tensión superficial (véase en la voz tensión), proyectada sobre un insecto, puede matarlo por asfixia, sin que intervenga ningún proceso tóxico; puede también puede penetrar por vía traqueal y causar la muerte por intoxicación neuromuscular; y si se impregna, puede matar por deshidratación.

Otros insecticidas por contacto, como el DDT, penetran en el organismo del insecto a través de sus tegumentos, y en el tejido vivo del animal por combinaciones tóxicas específicas, provocando su muerte. Los insectos chupadores, provistos de trompas con que herir los nervios y tejidos de las plantas, no pueden ser intoxicados por insecticidas de contacto.
Los insecticidas por contacto pueden ser divididos en dos grandes grupos: naturales y organosintéticos. Entre los primeros se pueden destacar la nicotina, obtenida de la planta del tabaco, las piretinas, obtenidas de un tipo particular de crisantemos, y aceites derivados del petróleo. Algunos de los principios activos responsables de la acción insecticida de estos productos han sido sintetizados en laboratorio. Este tipo de insecticidas presenta la particularidad de no permanecer activos demasiado tiempo, con lo que no serán los más apropiados para plagas prolongadas.

Los insecticidas por contacto de origen organosintético son los que en la actualidad se usan en mayor proporción, debido a la rapidez con la que penetran en el insecto y al gran abanico de especies a las que combaten. El principal grupo de este tipo de insecticida lo conforman los derivados de hidrocarburos clorados, fosfatos orgánicos y los carbamates. La mayoría de ellos son muy estables en el tiempo y su acción insecticida perdura durante grandes períodos de tiempo, con lo que resultan los más apropiados para plagas duraderas, a las que perturba fuertemente el sistema nervioso. Los derivados de los hidrocarburos clorados se empezaron a utilizar después de la probada eficacia del DDT, desarrollado en los años cuarenta. Sin embargo, en la actualidad son los insecticidas organofosforados los más versátiles y los que por tanto se utilizan con más frecuencia. Son los más efectivos contra los insectos chupadores del jugo de las plantas. La acción insecticida se consigue al esparcir producto en la superficie de las hojas, o bien aplicando soluciones insecticidas al suelo, con lo que el insecticida penetrará en la planta a través de las raíces. Aquellas tierras cuya tolerancia a los insecticidas se encuentra limitada a que éstos tengan poca acción residual, son las propicias para la utilización, en ellas, de este tipo de insecticidas. Los insecticidas organofosforados junto con el carbamato (insecticida orgánico relativamente moderno) presentan un grado de toxicidad mayor que los hidrocarburos clorados, siendo su forma de actuar bastante similar: producen la inhibición de una enzima esencial para el sistema nervioso.

La utilización de este tipo de insecticidas orgánicos ha incrementado la producción de forma considerable en todas las regiones del globo, al poderse realizar un control de plagas mucho más exhaustivo. A su vez han permitido controlar de forma mucho más eficiente insectos portadores de enfermedades infectocontagiosas, tales como el de la malaria, la fiebre amarilla y el tifus.

Insecticidas respiratorios.

Corresponden a los empleados en fumigación. Por mezcla con el aire, crean atmósferas tóxicas en las que, según sea la concentración, no sólo sucumbe el insecto, sino también todos los insectos sensibles al tóxico diluido en el aire. Sus principales representantes son: anhídrido sulfuroso, ácido cianhídrico y óxido de etileno.
También hay, desde el punto de vista de la acción fisiológica, productos insectífugos, cuya misión es repeler a los insectos de sus proximidades. En general, no son tóxicos o su toxicidad es pequeña, aunque presentan el inconveniente que su olor es fuerte y tenaz para el olfato humano.

Toxicidad.

Las características y grado de toxicidad de los insecticidas pueden deducirse de los experimentos con animales testigos. Los principales indicios son:
-Toxicidad aguda, que pone de manifiesto el efecto producido por la administración de una dosis del producto por vía oral, parenteral, intravenosa, subcutánea o intramuscular.
-Toxicidad subcutánea o acumulativa, que determina el efecto de la administración repetida del producto en dosis diarias subletales, durante algún tiempo.
-Toxicidad crónica, originada al alargar el experimento de toxicidad subaguda durante uno o dos años, profundizando las investigaciones farmacológicas y histo-anatomopatológicas y extendiendo la investigación a controles sobre el poder cancerígeno del producto y la determinación de los efectos del mismo en la reproducción de los animales.
-Toxicidad dérmica o precutánea, que mide la toxicidad de la sustancia aplicada sobre la piel de los animales.
-Irritabilidad dérmica y de las mucosas, que tiende a aclarar las reacciones de tipo alérgico.
-Toxicidad inhalatoria, que mide la toxicidad del producto suministrado a través de las vías respiratorias.
La toxicidad aguda de los insecticidas varía dentro de límites muy amplios. Los productos dotados de mayor toxicidad aguda se hallan preferentemente entre los insecticidas orgánicos fosfóricos y los clorados cíciclos. La toxicidad crónica es una característica de los insecticidas orgánicoclorados, aromáticos y cíclicos, a excepción de unos pocos, como el methoxicloro. Los insecticidas orgánicos fosfóricos, los carbámicos y los de origen vegetal no dan lugar a fenómenos de toxicidad crónica, al volverse inactivos más o menos rápidamente y ser expulsados.

En ciertos casos, presenta gran interés la relación entre la toxicidad de los insecticidas para los animales de sangre caliente y la toxicidad de los mismos en relación con los insectos. De hecho, cuando el producto resulta letal para algunas especies de insectos e inofensivo para los animales de sangre caliente, es posible utilizar el insecticida de un modo insólito, administrándolo a bovinos, ovinos u otros mamíferos directamente por vía oral o por inyección, a fin de conseguir en la sangre concentraciones letales para las especies de insectos que se alimentan de ella o que se desarrollan en las carnes de estos animales. Los insecticidas dotados de tal propiedad se denominan "zoosistémicos".

Formulaciones.

Los insecticidas, para que en los substratos que se pretende proteger constituyan depósitos activos y desarrollen su máxima eficacia sin producir daño, deben diluirse en la proporción adecuada. Para ello, los productos se someten a formulación, tal y como se obtienen industrialmente, mezclándolos y diluyéndolos con sustancias auxiliares como disolventes y diluyentes. De esta manera se obtienen distintos tipos de productos-fórmula. Estos productos se diluyen en agua en el momento de su utilización, aunque existen diversos productos-fórmulas (los aerosoles y, de modo general, los cebos envenenados) que, debido a su baja concentración de veneno, no requieren de su disolución en agua.
Inconvenientes.

Aunque no hay que dudar de los beneficios derivados de la utilización de insecticidas en el control de plagas y en la mejora en el rendimiento de los campos, la utilización no selectiva y en grandes cantidades de insecticidas ha traído consigo la aparición de una serie de serios problemas. El más grave de todos ellos es el que pueda manifestarse en el ecosistema, debido a que, al introducir modificaciones que conducen a la práctica desaparición de ciertos insectos, no se sabe a ciencia cierta los efectos que sobre otros insectos y animales pueda acarrear, bien de forma directa, por su exposición al producto, o bien de forma indirecta, al modificarse la cadena alimenticia. Se ha observado una disminución en la población de aves de presa, tales como águilas o halcones, en regiones expuestas a grandes cantidades de DDT (compuesto órgano-clorado), demostrándose que toda la cadena alimenticia se puede ver afectada. Es posible que la concentración de insecticidas sea tal que imposibilite, por ciertos períodos de tiempo, la vida tanto humana como animal (se tiene documentados muchos casos de envenenamiento de humanos por insecticidas). Aunque parte del insecticida utilizado pueda ser metabolizado por los animales que lo ingieren, siempre quedará otra que permanezca en el suelo o ambiente, que, incluso, podría llegar a contaminar las aguas subterráneas. De hecho, han sido encontrados muchas aves y mamíferos salvajes con grandes cantidades de DDT en su organismo. La utilización del DDT comenzó a restringirse en la década de los años sesenta. Un decenio más tarde mucho países prohibirían su uso.

Otro importante problema suscitado con la utilización masiva de insecticidas es el relativo a la tendencia presentada por ciertos insectos a resistir la acción de éstos. Ciertos insectos de una población, cuando presentan esta resistencia, se multiplican rápidamente, pudiendo llegar a ser el grupo más numeroso de la colonia. Es entonces cuando el insecticida no presentará efecto nocivo alguno sobre el insecto. Es también probable que si ha desarrollado una resistencia a un tipo particular de insecticida, también resista la acción de algún otro que tenga una forma de actuar similar.
La realidad de estos problemas ha provocado que muchos agricultores practiquen lo que se conoce como agricultura ecológica o control biológico, donde es mínima o nula la utilización de insecticidas orgánicos y en los que la acción insecticida es llevada a cabo por otros animales, en cuya dieta se encuentran los insectos a eliminar.

Control de plagas.

Se entiende por control de plagas todas una serie de intervenciones en el medio ambiente encaminadas a hacer desaparecer o al menos reducir los efectos de las plagas de insectos en la producción agrícola. También se considerará parte del control de plagas la lucha contra las malas hierbas y contra cualquier otro elemento patógeno que pueda afectar a las plantas. Los procedimientos utilizados para tal control incorporan una serie de mecanismos que incluyen procedimientos tanto físicos como biológicos y químicos, destacando entre todos ellos los insecticidas químicos orgánicos.

Control biológico de plagas.

Por control biológico de plagas se entiende la utilización de organismos vivos en tareas de control de plagas. El problema consiste en la búsqueda de un enemigo natural del insecto a combatir, tal como un depredador, parásito o enfermedad. Una vez encontrado, se esparcirá por toda la zona a proteger. Si el medio no le es adverso podrá multiplicarse y realizar un control de plagas efectivo. Como ejemplo de control biológico se podrá citar la que se llevó a cabo para limitar el incremento de individuos en la creciente comunidad de conejos europeos en Australia, introduciendo el virus de la mixomatosis. En la práctica son muchos los casos en los que se lleva a cabo una lucha efectiva contra las plagas con este tipo de control biológico, ayudado por la ingeniería genética, implantando en el material genético de las plantas genes de resistencia que multiplican la resistencia natural de los cultivos frente a las enfermedades e insectos. Otra forma de utilizar la ingeniería genética para el control de plagas ha sido la creación o modificación de algún otro virus cuyo objetivo sean los insectos de la plaga a combatir. Obtenido éste se esparcirá por fumigación sobre el cultivo. Los virus artificiales y genéticamente modificados están diseñados para ser inocuos a otros insectos, y para desaparecer cuando el insecto atacado haya sido eliminado, al ser éste último el único animal en el que puede residir. Existen muchos ejemplos de la utilización de virus, hongos o protozoos para un control selectivo de plagas.

EL DESARROLLO DEL MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS.

En agricultura se entiende como manejo integrado de plagas (MIP) o control integrado de plagas a una estrategia que usa una gran variedad de métodos complementarios: físicos, mecánicos, químicos, biológicos, genéticos, legales y culturales para el control de pestes. Estos métodos se aplican en tres etapas: prevención, observación y aplicación. Es un método ecológico que aspira a reducir o eliminar el uso de pesticidas y de minimizar el impacto al medio ambiente. Se habla también de manejo ecológico de plagas (MEP) y de manejo natural de plagas.

Un programa MIP se basa en los seis componentes siguientes

• Niveles aceptables de plagas. El énfasis está en “control” no en “erradicación”. MIP mantiene que la erradicación completa de una plaga es a menudo imposible y que intentarlo puede ser sumamente costoso, insalubre y en general irrealizable. Es mejor decidir cual es el nivel tolerable de una plaga y aplicar controles cuando se excede ese nivel (umbral de acción).
• Prácticas preventivas de cultivo. La primera línea de defensa es seleccionar las variedades más apropiadas para las condiciones locales de cultivo y mantenerlas sanas, junto con cuarentenas y otras ‘técnicas de cultivo’ tales como medidas sanitarias (destruir plantas enfermas para eliminar la propagación de la enfermedad, por ejemplo).
• Muestreo. La vigilancia constante es el pilar de MIP.3 Se usan sistemas de muestreo de niveles de plagas, tales como observación visual, trampas de esporas o insectos y otras. Es fundamental llevar cuenta de todo así como conocer el comportamiento y ciclo reproductivo de las plagas en consideración. El desarrollo de los insectos depende de la temperatura ambiental porque son animales de sangre fría. Los ciclos vitales de muchos insectos dependen de las temperaturas diarias. El muestreo de éstas permite determinar el momento óptimo para una erupción de una plaga específica.
• Controles mecánicos. Si una plaga llega a un nivel inaceptable, los métodos mecánicos son la primera opción. Simplemente cogerlos manualmente o poner barreras o trampas, usar aspiradoras y arar para interrumpir su reproducción.
• Controles biológicos. Los procesos y materiales biológicos pueden proveer control con un impacto ambiental mínimo y a menudo a bajo costo. Lo importante aquí es promover los insectos beneficiosos que atacan a los insectos plaga. Pueden ser microorganismos, hongos, nematodos e insectos parasíticos y depredadores.
• Controles químicos. Se usan pesticidas sintéticos solamente cuando es necesario y en la cantidad y momento adecuados para tener impacto en el ciclo vital de la plaga. Muchos de los insecticidas nuevos son derivados de sustancias naturales vegetales (por ejemplo: nicotina, piretro y análogos de hormonas juveniles de insectos). También se están evaluando técnicas ecológicas de herbicidas y pesticidas con base biológica.
MIP se puede aplicar a todos los tipos de agricultura e incluso a la jardinería. Es el tratamiento ideal para los cultivos orgánicos y se basa en conocimiento, experiencia, observación e integración de técnicas múltiples y que no usa opciones químicas sintéticas. En agricultura de gran escala MIP puede reducir la exposición de los seres humanos a productos químicos con potencial tóxico y puede llegar a bajar los costos.

• 1. Identificación de la plaga.

Los casos de identificación errónea pueden resultar en acciones inútiles. Si el daño a una planta debido a exceso de riego se interpreta erróneamente como causado por hongos, se aplicarían fungicidas inútiles y la planta moriría de todos modos.

• 2. Conocimiento del ciclo vital de la plaga y de sus parásitos

Cuando uno ve una plaga puede ser demasiado tarde para hacer otra cosa que recurrir a pesticidas. A menudo otro estadio en el ciclo vital es susceptible a medidas preventivas. Por ejemplo las malas hierbas que se reproducen a partir de semillas del año anterior podrían prevenirse con el uso de mantillo. También el conocimiento de las necesidades de las plagas y eliminación de éstos puede servir para eliminarlas.

• 3. Muestreo de sectores del cultivo para evaluar la población de una plaga.

Las medidas preventivas se deben tomar en el momento adecuado para que sean efectivas. Por eso una vez identificada una plaga se debe monitorear ANTES que se convierta en un problema. Por ejemplo en un restaurante donde puede haber cucarachas se ponen trampas pegajosas antes de su apertura y se muestrea con frecuencia para tomar acción antes que se conviertan en un problema. Lo que hay que observar incluye:

Presencia/ausencia
Distribución - ¿en todas partes o localizada?
Número - ¿aumento o disminución?

• 4. Establecimiento de un umbral de acción (económico, sanitario, estético)

¿Cúal es la cantidad tolerable? En algunos casos un cierto número es tolerable. La soja es bastante resistente a la defoliación así que unas cuantas orugas cuyos números no aumentan significativamente pueden no requerir tratamiento. En cambio hay casos en que uno DEBE tomar acción. Para el agricultor ese punto es aquél en que el costo del daño causado por la plaga es MAYOR que el costo de un tratamiento. Éste es un umbral económico. El umbral puede variar según se trate de un riesgo sanitario (baja tolerancia) o simplemente cosmético (alta tolerancia en una situación no comercial). La tolerancia individual también varía; hay gente que detesta a los insectos, otros que no toleran ni un solo diente de león en el césped. Es posible adoptar una actitud de mayor tolerancia.

• 5. Elección de una combinación apropiada de técnicas de control.

Para cada situación se pueden considerar varias opciones. Estas opciones incluyen controles mecánicos, físicos, químicos, biológicos y culturales. Los controles mecánicos consisten en colectar los insectos manualmente o en usar redes u otros medios para excluir a plagas tales como aves o roedores. Los controles culturales incluyen mantener el lugar libre de las condiciones que favorecen a las plagas, por ejemplo usar cuidadosa limpieza en lugares de almacenaje o arrancar las plantas con señales de enfermedad para evitar la propagación de ésta.
Los controles biológicos pueden servir de apoyo por medio de conservación de los predadores naturales o por incremento de los mismos. El control por incremento incluye la introducción de predadores naturales, ya sea a nivel de inundación o de inoculación. El control por inundación busca inundar el local con una población alta del depredador de la plaga; mientras que la inoculación usa un número menor se predadores de la plaga para suplementar a una población ya existente. Los controles químicos incluyen aceites o la aplicación de pesticidas, ya sea insecticidas o herbicidas. Un programa de MIP usaría preferentemente pesticidas derivados de plantas o de otros materiales naturales.

• 6. Evaluación de los resultados.

¿Tuvieron efecto las medidas tomadas? ¿Se obtuvo la prevención o control deseado? ¿Hubo efectos colaterales indeseables? ¿Qué hacer en el futuro en un caso similar?
Orientaciones:
Leer y analizar la información del documento.
Bibliografía:
CENIDA –UNA.
WIKIPEDIA ENCICLOPEDIA
MIP- Centro América.
Fuentes: W.C. James, P.S. Teng y F.W. Nutter, «Estimated losses of crops from plant patogens», CRC Handbook of Post Management, de D. Pimentel, D. CRC Press, Boca Ratón, Fl., 1991.

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